SOBRE

Me gusta imaginar que cuando siento el arrebato de un raptus, como decía Beethoven, y me sumerjo en el océano infinito de la Música, estoy realmente en otro mundo: un mundo lleno de virtudes, de emociones superiores, de armonía. En ese universo existen exquisitas composiciones, música infinitamente más bella y perfecta de la que jamás pudiera imaginarse.

En ese universo existen exquisitas composiciones, música infinitamente más bella y perfecta de la que jamás pudiera imaginarse.

Mis primeras incursiones en el reino de la música fueron a través de las obras impecables del Maestro Beethoven. Por fortuna, en casa de mis padres nunca faltó música de Mozart, Haydn, Schubert, Brahms, y otros fieles siervos de Apolo y sus Musas. Así, bajo la influencia de estos invisibles pero muy presentes tutores, di mis primeros pasos musicales.

En casa teníamos un piano vertical que mi bisabuelo le había regalado a mi madre cuando ella era chica. Ante este instrumento pasé innumerables horas completamente absorto en el mundo de la música, improvisando melodías sobre aquellas notas que brotaban espontáneas del éter. Y así, alrededor de mis quince otoños, se gestó mi primera obra: una sonata para piano, que años después forma parte de mi primer disco An Everlasting Dawn.

Impulsados del amor por la música, encontremos la felicidad ahí donde Belleza y Armonía entrelazan sus hilos en el tapete de la existencia.

Anhelo profundamente que el maravilloso telar donde Música teje su sinfonía de esperanza cobije todos nuestros corazones. Impulsados del amor por la Musa, encontremos la felicidad ahí donde Belleza y Armonía entrelazan sus hilos en el tapete de la existencia.